A muchos nos gusta pensar que no está todo descubierto y que el mundo aún puede mejorar muchísimo en todos sus ámbitos. La historia nos demuestra que nunca hay que auto complacerse y siempre hay que mirar adelante en cuanto a innovación, eficiencia y calidad de vida.

En arquitectura tenemos varios retos por delante, la sostenibilidad es el más evidente, pero hay otros como el cuidado y la salud de las personas que viven dentro.

En los últimos años se ha profundizado mas en este campo y sobretodo lo más importante es que la gente está cada vez más informada y concienciada de la importancia de la salud de las personas y como los espacios y el planeta actúan sobre ella.

La definición de la geobiología es según Wikipedia la siguiente: un campo científico interdisciplinario que explora las interacciones entre la vida y el ambiente fisicoquímico de la Tierra. También puede definirse como un estudio interdisciplinario entre las ciencias de la vida y las ciencias de la Tierra.

Básicamente podríamos resumirlo en el estudio de cómo afecta el planeta a la vida.

Concretamente son especialmente relevantes los campos magnéticos naturales que afectan a las personas, son redes magnéticas de muy baja intensidad que pueden afectar a la composición molecular de los tejidos humanos si la exposición es prolongada. Hay pocos estudios concluyentes que puedan certificar que estos campos, al igual que los campos magnéticos que producen las propias maquinas ingeniadas por el ser humano, afectan directamente sobre la salud, es difícil establecer una relación directa cuando el ser humano está expuesto a tantos factores externos como la alimentación, ondas magnéticas, y hasta la propia genética, pero estamos convencidos que en el futuro conseguiremos establecer causas directas y la intensidad de afectación de cada una de ellas sobre la salud de las personas.

Todo campo eléctrico genera un campo magnético. Por lo tanto todo aparato o red eléctrica que pasa o está en una vivienda crea un campo magnético, de ahí que se aconseje no dormir con un despertador demasiado cerca de la cabeza o poner el móvil en modo avión al irnos a dormir.

En cuanto a intensidad es mucho mayor la intensidad de los aparatos eléctricos, como móviles u electrodomésticos que los del propio planeta, pero la diferencia está en que los aparatos creados por el hombre sabemos dónde están, podemos evitarlos y desconectarlos, y en cambio los del planeta no, y están por todas partes. Estos para averiguar dónde están debemos hacer un estudio.

Cuando diseñamos una casa es importante averiguar dónde están estos puntos donde las redes magnéticas se cruzan y aumentan de intensidad para evitar colocar ahí, la cabecera de la cama, lugares de larga estancia o de reposo.

Las viviendas en planta baja sufren más de estos campos debido a que ciertos metales son aislantes o disipadores de estas fuerzas magnéticas, y en los bloques de pisos, al haber tantas plantas intermedias con sus forjados y su hierro estas fuerzas suben disipadas.

Otras fuerzas de la naturaleza que pueden ser perjudiciales para la salud son las corrientes, por ejemplo corrientes de aire, de sonido o de agua. Es importante al realizar el estudio geotécnico descartar que una corriente de agua subterránea pasa por debajo de nuestra vivienda, o incluso estudiar la fuerza de los vientos predominantes en esa localización y evitar orientar aristas o esquinas del edificio en contra de ese viento para evitar sonidos permanentes que causen patologías psicológicas en los residentes.

El radón es un gas radiactivo que no tiene color ni olor. Se da de forma natural de la desintegración de elementos radiactivos, como el uranio, los cuales están presenten en distintas cantidades en el suelo y las rocas alrededor del mundo. El gas radón en el suelo y en las rocas puede desplazarse al aire, así como a depósitos de agua subterránea o superficial.

Este gas radiactivo está presente tanto en el aire exterior como en el interior. Normalmente se encuentra en muy bajos niveles en el aire exterior y en el agua potable proveniente de ríos y lagos. Puede encontrarse a niveles más elevados en el aire dentro de ciertas casas y edificios, así como en fuentes de agua subterránea, como la proveniente de los pozos.

El radón se desintegra en elementos sólidos radiactivos conocidos como partículas de la progenie del radón (como polonio-218, polonio-214 y plomo-214). La progenie del radón puede adherirse al polvo y a otras partículas que pueden ser aspiradas por los pulmones. A medida que el radón y la progenie de éste se desintegran en el aire, liberan radiación que puede dañar el ADN de las células en el interior del cuerpo.

Tanto para los adultos como para los niños, la mayoría de la exposición al radón proviene del interior de las casas, oficinas, escuelas y otros edificios. Los niveles de radón en las casas y otros edificios dependen de las características de la roca y el suelo de la región en donde se encuentren. Como consecuencia, los niveles de radón varían en gran medida en distintas partes de España, incluso algunas veces a nivel de colonias residenciales. Se han detectado niveles elevados de radón en casi todos los estados.

El gas radón que es emitido por el suelo o las rocas, puede entrar a los edificios a través de grietas en el piso o las paredes, los empalmes en las construcciones o los espacios que quedan en los cimientos alrededor de las tuberías, varillas o bombas. Los niveles más elevados de radón por lo general se encuentran en el sótano o espacio subterráneo. Este nivel está más cerca del suelo o de la roca que lo que está de la fuente del radón. Por consiguiente, las personas que pasan mucho tiempo en los sótanos de sus casas o lugares de trabajo tienen un riesgo mayor de exposición a este gas.

También es posible que pequeñas cantidades de radón sean liberadas del suministro de agua hacia el aire. El radón se puede inhalar a medida que pasa del agua hacia el aire. El agua que proviene de los pozos subterráneos profundos en las rocas puede tener niveles altos de radón, mientras que el agua superficial (de los lagos o ríos) por lo general tiene muy bajos niveles de radón. En su mayoría, el agua no contribuye mucho a la exposición general al radón.

La exposición al radón también puede surgir de algunos materiales de construcción si son fabricados con sustancias que contienen radón. Casi cualquier material de construcción hecho de sustancias naturales, incluyendo concreto y yeso, puede que emita algún nivel de radón. Estos niveles son muy bajos en la mayoría de los casos, pero en algunas ocasiones puede que estos materiales contribuyan considerablemente con la exposición al radón.